De Mikel Laboa a Delorean: El vuelo de un pájaro libre

Es como si Mikel Laboa (Donostia, 1934-2008) jamás se hubiera ido. Su canción más emblemática, «Txoria Txori», nació en las servilletas de un restaurante de San Sebastián a finales de los años 60. El poema, obra de Joxean Artze, estaba impreso y Laboa se llevó una de esas servilletas a casa. Decía lo siguiente: “Si le hubiera cortado las alas / hubiera sido mío / no hubiera escapado. / Pero así, / hubiera dejado de ser pájaro”. / Y yo… / lo que yo amaba era al pájaro”. Laboa partió de la letra de Artze y compuso la melodía en 1969. Se incluyó cinco años más tarde en su LP de debut, Bat-Hiru.

Mikel Laboa no es un músico cualquiera: se ha convertido en un mito. Durante toda su trayectoria basculó entre la tradición y la vanguardia, entre el pasado y el futuro. Partía de lo local para abrazar lo universal. Su música podía ser accesible, pero también desarrollaba ejercicios experimentales (sus famosos lekeitios eran series basadas en gritos y onomatopeyas) con los que podía rendir tributo a John Cage y Camarón de la Isla en una sola canción. Laboa fue un gigante. Y se resiste a desaparecer. Sigue vivo en actos públicos y privados, en comidas familiares, en la escuela, entre amigos, en pueblos y en ciudades, y lo mismo se cantan sus canciones a pleno pulmón para la inauguración de la Capital Cultural Europea de Donostia 2016 como en el campo de rugby de Baigorri.

Su figura se ha extendido como un gran arcoíris que se abre en el cielo. En 2017 el grupo de pop electrónico Delorean publicó Mikel Laboa, un álbum en el que se reinterpretaba su cancionero. ¿Uno de los adalides del indie vasco reivindicando al padrino del folk vasco? ¿Cómo es eso posible? Lo que en otros lugares puede sonar a boutade, aquí se explica con los continuos gestos que nuestros músicos brindan a Laboa.

‘Durante toda su trayectoria basculó entre la tradición y la vanguardia, entre el pasado y el futuro.’

Ya en 1990, cuando tenía 55 años, una serie de grupos noveles se animaron con un disco de 11 versiones titulado Txerokee: Mikel Laboaren kantak. Por impacto popular y trascendencia histórica destacan dos nombres por encima del resto: Negu Gorriak y Su Ta Gar. Los primeros, liderados por Fermín Muguruza, fueron los príncipes del rock-hardcore al sur de los Pirineos durante los años 90. Su trayectoria solo abarcó seis años, pero su actitud (comprometedora, combativa, incansable) está vigente. En el caso de Su Ta Gar, son nuestros Iron Maiden, un tótem del heavy-metal vasco que no da visos de agotarse. A Xabier Montoia se le atribuye la idea de haber puesto en marcha este proyecto. Se apuntaron figuras ilustres del Rock Radical Vasco de los años 80 (BAP!!, Delirium Tremens, M-ak), un movimiento heterogéneo que revolucionó el panorama musical y que hundía sus raíces en el punk inglés. Fermín Muguruza, el hombre que lo hace todo en el País Vasco, dio en el clavo cuando se le preguntó por Mikel Laboa: “Es la referencia inevitable en la música vasca», resumió.

Laboa no se puede entender sin sus compañeros de viaje. Entre 1966 y 1972 fue cofundador de Ez Dok Amairu, el grupo que cambió para siempre la canción vasca y alumbró a una hornada de artistas (Xabier Lete, Lourdes Iriondo, Benito Lertxundi, los hermanos Artze…) que ya forman parte del imaginario popular. Lete era poeta y músico y su recuerdo es imborrable. Junto con Iriondo, sellaron los sentimientos de la juventud vasca ante el hostigamiento de la dictadura franquita. Lertxundi es otro mito, uno de nuestros artistas más longevos y queridos. Conocido como el Bardo de Orio, su música ha transitado de la canción protesta a los temas de amor, cantos épicos, folclore vasco… Entre todos ellos se retroalimentaban, las sinergias eran habituales. En sus directos alternaban temas propios con canciones en euskera de Jaques Brel o Donovan, lo que supuso todo un descubrimiento: el euskera se estaba asociando a otras culturas musicales, también al rock´n´roll. De su apego simultáneo a la música vasca tradicional y el folk-rock americano surgió Errobi en 1974. El grupo de Baiona capitaneado por Anje Duhalde y Mixel Ducau fue, junto a Niko Etxart, pionero del rock euskaldun.

“Mikelen musika barrutik dator, berak landu eta inoiz utzi ez zuen ildo sakonetik, intuizioz beterik…»

Cantautores o no, los de antes y los de ahora, todo el mundo admira a Laboa. Y los caminos que pasan por Laboa son múltiples. La canción «Izarren hautsa», por ejemplo, fue compuesta por Lete y más adelante Laboa hizo una versión. Solistas contemporáneos como Mikel Urdangarin o Anari la incluyen en sus directos y Ken Zazpi, representantes del pop-rock mainstream, también hicieron su propia toma. «Haika Mutil», un clásico que popularizó Laboa, se incluyó en el disco Etxea (2008) del conocido acordeonista Kepa Junkera. Ruper Ordorika es otra figura clave del folk vasco y más allá (rock pausado, cantautor eléctrico) de los últimos 30 años. Colaboró en una canción del último disco de estudio de Laboa, Xoriek 17 (2005) y participó en un nuevo homenaje fabricado por el prestigioso sello Bidehuts.

En Txinaurriak. Mikel Laboari ikasitako kantuak (2010) se emuló la gesta de Txerokee 20 años más tarde: un nuevo dream team de grupos de corte rock (pero no solo) reinterpretaron 19 temas basados en la libertad creativa. Una obra poliédrica y llena de recovecos como la de Laboa encuentra en este doble LP una relectura acorde a su leyenda y en la que participan Willis Drumond, Lisabö, Audience, Athom Rumba, Inoren Ero Ni, Berri Txarrak… 7 años antes que Delorean, lo más granado de la escena alternativa e independiente vasca ya mostraba sus respetos a un hombre inmortal que voló como un pájaro libre. Y todo parece indicar que la fuente inagotable de Mikel Laboa se seguirá revisitando desde ángulos diversos e insospechados: ahí están los samples electrónicos de sus lekeitios por parte del grupo indie WAS; el «Txoria Txori» flamenco de Sonakay; la deconstrucción de un rockero que también vuela alto y libre, Joseba Irazoki; la improvisación de una artista total como Mursego; la heterodoxia del penúltimo descubrimiento del folk experimental vasco encarnado en Bas(h)oan…

Ruper Ordorika escribió una vez: “La música de Mikel viene de dentro, del surco profundo que él trabajó y nunca abandonó, lleno de intuición. Pero ese surco no era solamente creado por la intuición sino trabajado con detalle, sin olvidar las influencias de su entorno y de su tiempo”.

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