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El cine vasco está de moda: las claves de un éxito que no llega por casualidad

Texto: Jon Pagola 13 Mar 2026
´Los domingos´
´Los domingos´
´Maspalomas´
´Maspalomas´
´20.000 especies de abejas´
´20.000 especies de abejas´
´Gaua´
´Zeru ahoak´. Fotografía: David Herranz
´Cristobal Balenciaga´. Fotografía: David Herranz

Premios en festivales, éxito de público y temas que entran de lleno en la conversación pública. Las películas y series vascas están en boca de todo el mundo. ¿Vivimos una nueva edad de oro?

A. Agur los 90, kaixo siglo XXI

Los Premios Goya. El Festival de San Sebastián. Los Premios Feroz. Presencia habitual en festivales de cine internacionales. Taquillazos. El cine vasco —y el ecosistema audiovisual vasco en su conjunto— se ha acostumbrado a que le lluevan galardones y elogios en estos últimos tiempos. Películas como ‘Los Domingos’, ‘Maspalomas’, ‘20.000 especie de abejas’ o las series ‘Cristóbal Balenciaga’, ‘Querer’ o ‘Yakarta’, por citar algunos ejemplos, son aplaudidas por su calidad, capacidad de emoción y conexión con el público. Abordan temas variopintos con calado social (la fe, la homosexualidad en la tercera edad, la identidad, la violencia de género, las relaciones humanas) que despiertan el interés de los espectadores y cuentan con el favor de la crítica. ¿Qué tiene el cine vasco actual que lo hace tan atractivo?

Iratxe Fresneda es cineasta, doctora en Comunicación Audiovisual y profesora del Departamento de Comunicación Audiovisual de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) desde hace más de 20 años. Fresneda, especializada en el ámbito del documental, donde ha realizado un total de cinco películas desde 2016, cree, en primer lugar que el cine vasco “no es algo compacto”, sino “diverso” y que “agrupa muchos modos de ver y de acercarse al audiovisual”. Sí concede que el “modo de estar y ver el mundo” desde la óptica de la cultura vasca, con el euskera como una de sus herramientas principales, ha tenido “algo que ver” en este renacer. “Sin embargo, creo que lo que lo ha convertido en atractivo o quizá, diría, visible es el trabajo que hay detrás de todos los agentes culturales, de las instituciones y del sector audiovisual. Los años de trabajo en tierra incógnita han sembrado algunos frutos, algunas posibilidades de crear”, añade Fresneda. 

El director y guionista Aitor Arregi, miembro del colectivo donostiarra Moriarti (‘Maspalomas’, ‘Marco’, ‘Cristóbal Balenciaga’, ‘La trinchera infinita’) redunda en una idea parecida. Ambos vienen a decir que la unión ha hecho la fuerza. Se ha dado un giro y no es siempre necesario emigrar por cuestiones de trabajo. Hasta los años 80 y 90, quien quería ganarse el pan con el cine o la televisión estaba abocado a abandonar el País Vasco y buscarse la vida en Madrid o en una gran ciudad internacional. En la capital de España desarrollaron sus carreras directores vascos como Julio Médem, Juanma Bajo Ulloa o Álex de la Iglesia. Eso sí, Arregi advierte de que este es un sector frágil en el que conviene no dormirse en los laureles. “Ojalá siga así y la industria del cine vasco se consolide, porque a poco que lo dejes de cuidar se puede caer”.

Su compañero en Moriarti, Jose Mari Goenaga, subraya dos ventajas con respecto a épocas pasadas: la posibilidad de grabar en formato digital y las “facilidades” de financiación que permiten poner en marcha proyectos impensables en el siglo XX. “La situación ha cambiado”, confirma Goenaga.   

B. Cuestión de fe (y de cautela)

‘Los Domingos’, de Alauda Ruiz de Azúa (Barakaldo, Bizkaia, 1978), ha arrasado allá por donde pasa. Primero se llevó la Concha de Oro a la mejor película, el premio gordo del Festival de San Sebastián, en septiembre de 2025. Cuando Ruiz de Azúa subió al escenario a recoger el premio, hizo un alegato a favor de la diversidad: “Vivimos en un mundo en el que tengo una certeza. Siempre hay gente distinta a ti. Y por eso creo que merece la pena que el cine sea un espacio de encuentro, reflexión y debate”. 

´Los domingos´

Desde su estreno en octubre del año pasado, la cinta ha conquistado a cientos de miles de espectadores y continúa recolectando premios. La historia de Ainara, una joven de 17 años que abraza la fe cristiana y quiere ser monja, ha sido una de las triunfadoras de los últimos Premios Goya, el equivalente a los Óscar españoles, celebrados el 28 de febrero en Barcelona, con un total de cinco estatuillas. La cosecha audiovisual vasca ha sido especialmente fructífera en esta edición, la número 40, con una cifra récord de 45 nominaciones.

Este no es un hecho aislado ni parece un golpe de suerte. ‘Handia’, ya en 2018, la fábula de los Moriarti basada en las vidas del Gigante de Altzo (Gipuzkoa), se coronó con 10 premios Goya. Todavía hoy, Arregi se refiere a ella como una película que se recuerda, sobre todo, por haber arrasado en los Goya. En 2023, ‘20.000 especies de abejas’, de Estibaliz Urresola, fue preseleccionada para los Óscar y su protagonista, Sofía Otero, que da vida en el largometraje a una niña trans, se llevó ese año el premio a la mejor interpretación en la Berlinale.

El medio The Hollywood Reporter se hizo eco de la fortaleza del cine vasco en un artículo publicado a mediados de febrero titulado “Basque cinema gets its Goyas moment” [el cine vasco celebra su momento en los Goya]. En el post resuena el diagnóstico del productor de Portugalete (Bizkaia) Iván Miñambres: “Hay una combinación muy saludable de apoyo institucional, un ecosistema profesional sólido y una generación de creadores con voces muy claras y distintivas”. Además, Miñambres precisa que a nivel internacional Euskal Herria es “visto cada vez más como un lugar sólido para producir películas y desarrollar proyectos de alta calidad arraigados en el territorio”.

Entonces, ¿se puede hablar abiertamente de una edad de oro en el siglo XXI o nos estaríamos pasando de optimistas? Fresneda no lanza las campanas al vuelo. Argumenta con cierto optimismo, pero también con cautela: “Vivimos un buen momento si lo comparamos con tiempos pasados. Al cine y al audiovisual se le ha prestado algo más de importancia desde las instituciones, pero aún nos queda mucho trabajo que hacer a nivel social y educativo, de divulgación y distribución, por ejemplo”.

´Karmele´

C. Un poco de todo, como en botica

Tal vez sea un cliché, pero el rasgo distintivo de las películas vascas contemporáneas es la diversidad. Lo que decía Fresneda: el cine facturado aquí no es monolítico. Incluye visiones, temáticas y sensibilidades distintas. Recorre muchos y diversos caminos. No tienen nada que ver los filmes de terror basados en la mitología vasca de Paul Urkijo (autor de las poderosas y taquilleras ´Errementari´, ´Irati´ y ´Gaua´, entre otros), con la identidad de género que se aborda en ´20.000 especies de abejas´, el tema de la maternidad de ´Cinco lobitos´ (la ópera prima de Ruiz de Azúa), la tragicómica e increíble historia de ´Marco´ (Jon Garaño y Aitor Arregi), las comedias de Borja Cobeaga (´Los aitas´, ´Su majestad´), la comunidad jipi aislada del mundo que recrea Irati Gorostidi en ´Aro Berria´…

´Aro Berria´
´Aro Berria´

En el top 3 particular del crítico de cine de Irun (Gipuzkoa) Iñaki Ortiz, cofundador de la web El Contraplano, se encontrarían ´Maspalomas´ (“una película arriesgada con varios niveles de lectura y que me parece la más redonda de los Moriarti”), junto a las más desconocidas ´Daniela forever´ (ciencia ficción con la originalidad de Nacho Vigalondo que se mueve entre la comedia romántica y el ciberpunk) y ´Una ballena´, de Pablo Hernando, un largometraje “con una personalidad muy diferente, donde el puerto de Bilbao sirve tanto al noir portuario clásico como a las pesadillas anfibias lovecraftianas”. Como señala Ortiz, “estas dos últimas han pasado más desapercibidas por la cartelera, ojalá la gente las descubra en plataformas”.

Por mucha diversidad que haya (“sí, hay de todo”, dice Ortiz), buena parte de los títulos recientes compartirían, “en cierta medida, un componente social”. El crítico justifica su razonamiento: “Una película tan de género como ´Gaua´, pura mitología vasca, en el fondo es una reivindicación LGTBIQ+, y de forma más general, de respeto al diferente”. En el caso de ´Los domingos´, sostiene, ha entrado de lleno “en la conversación pública”.

D. Donostia, capital y epicentro del cine vasco

Podemos discutir sobre cuál de nuestras capitales es la mejor o la más atractiva para vivir; pero, sin duda, Donostia es una ciudad intrínsecamente relacionada con el celuloide. No ostenta el título oficioso de ciudad del cine porque sí. Además del Zinemaldia, un festival de clase A —el de mayor rango, como Venecia, la Berlinale o Cannes—, acoge otros certámenes —Semana de Cine Fantástico y de Terror, Festival de Cine y Derechos Humanos, Ciclo Internacional de Cine Submarino— y cuenta desde 2018 con la Escuela de Cine Elías Querejeta (EQZE) en el espacio de Tabakalera, con 45 alumnos por curso, cuna de futuros creadores seleccionados de distintos rincones del planeta. Los trabajos de estas jóvenes promesas, que suelen arrancar en la EQZE, se presentan con bastante asiduidad en festivales de todo el mundo.

´Zeru ahoak´. Fotografía: Txarli Argiñano

Productoras de peso como Txintxua films (con películas como ´Karmele´, de Asier Altuna, y la serie ´Zeru Ahoak´ de Koldo Almandoz), Sr. y Sra. (además de ´Aro Berria´, están detrás de títulos como Una ballena o la experimental ´Samsara´ de Lois Patiño) y la aclamada cuadrilla Moriarti, con 25 años de recorrido y más de 500 premios acumulados, operan en Donostia. A la pregunta de si Moriarti es el ejemplo perfecto de que se puede producir cine desde el País Vasco, José Mari Goenaga responde sin ambages que sí, y cita, asimismo, a Sr. y Sra. y Txintxua como otros casos de éxito.  

“Hay muchas productoras que vienen desarrollando su trabajo en Euskal Herria desde hace muchos años en todos los territorios y desde distintas formas de acercarse al cine”, añade Fresneda. “Su labor durante mucho tiempo ha sido la de sembrar y ahora vamos recogiendo frutos”, apunta. Lo cierto es, continúa Fresneda, que se está creando un sólido engranaje “formado por festivales como Zinebi (Bilbao), Punto de Vista (Pamplona) o el Festival de Cine de Donostia, escuelas de formación en Comunicación Audiovisual y Bellas Artes en la EHU o Elías Querejeta Zine Eskola en Tabakalera y de profesionales de muy alta cualificación que posibilitan hacer cine y, muchas veces, de gran calidad”.

Jon Pagola es periodista freelance y escribe sobre música, cultura y ocio en diversos medios de comunicación y publicaciones.

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